10:1Y DESPUÉS de estas cosas, designó el Señor aun otros setenta, los cuales envió de dos en dos delante de sí, á toda ciudad y lugar á donde Él había de venir.
10:2Y les decía: La mies á la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros á su mies.
10:3Andad, he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.
10:4No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y á nadie saludéis en el camino.
10:5En cualquiera casa donde entrareis, primeramente decid: Paz sea á esta casa.
10:6Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre Él; y si no, se volverá á vosotros.
10:7Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa.
10:8Y en cualquiera ciudad donde entrareis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante;
10:9Y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Se ha llegado á vosotros el reino de Dios.
10:10Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid:
10:11Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad á nuestros pies, sacudimos en vosotros: esto empero sabed, que el reino de los cielos se ha llegado á vosotros.
10:12Y os digo que los de Sodoma tendrán más remisión aquel día, que aquella ciudad.
10:13¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Bethsaida! que si en Tiro y en Sidón hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, ya días ha que, sentados en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.
10:14Por tanto, Tiro y Sidón tendrán más remisión que vosotras en el juicio.
10:15Y tú, Capernaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada.
10:16El que á vosotros oye, á mí oye; y el que á vosotros desecha, á mí desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió.
10:17Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.
10:18Y les dijo: Yo veía á Satanás, como un rayo, que caía del cielo.
10:19He aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.
10:20Mas no os gocéis de esto, que los espíritus se os sujetan; antes gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.
10:21En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas á los sabios y entendidos, y las has revelado á los pequeños: así, Padre, porque así te agradó.
10:22Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quién sea el Hijo sino el Padre; ni quién sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo lo quisiere revelar.
10:23Y vuelto particularmente á los discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis:
10:24Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oir lo que oís, y no lo oyeron.
10:25Y he aquí, un doctor de la ley se levantó, tentándole y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?
10:26Y Él dijo: ¿Qué está escrito de la ley? ¿cómo lees?
10:27Y Él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu prójimo como á ti mismo.
10:28Y díjole: Bien has respondido: haz esto, y vivirás.
10:29Mas Él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
10:30Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalem á Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
10:31Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, se pasó de un lado.
10:32Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado.
10:33Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de Él, y viéndole, fué movido á misericordia;
10:34Y llegándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de Él.
10:35Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré.
10:36¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrones?
10:37Y Él dijo: El que usó con Él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
10:38Y aconteció que yendo, entró Él en una aldea: y una mujer llamada Marta, le recibió en su casa.
10:39Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose á los pies de Jesús, oía su palabra.
10:40Empero Marta se distraía en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude.
10:41Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada:
10:42Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.
11:1Y ACONTECIÓ que estando Él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos á orar, como también Juan enseñó á sus discípulos.
11:2Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos; sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
11:3El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
11:4Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malo.
11:5Díjoles también: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, é irá á Él á media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes,
11:6Porque un amigo mío ha venido á mí de camino, y no tengo que ponerle delante;
11:7Y el de dentro respondiendo, dijere: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y darte?
11:8Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester.
11:9Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto.
11:10Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre.
11:11¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra?, ó, si pescado, ¿en lugar de pescado, le dará una serpiente?
11:12O, si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión?
11:13Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que lo pidieren de Él?
11:14Y estaba Él lanzando un demonio, el cual era mudo: y aconteció que salido fuera el demonio, el mudo habló y las gentes se maravillaron.
11:15Mas algunos de ellos decían: En Beelzebub, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.
11:16Y otros, tentando, pedían de Él señal del cielo.
11:17Mas Él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae.
11:18Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo estará en pie su reino? porque decís que en Beelzebub echo yo fuera los demonios.
11:19Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebub, ¿vuestros hijos en quién los echan fuera? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.
11:20Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado á vosotros.
11:21Cuando el fuerte armado guarda su atrio, en paz está lo que posee.
11:22Mas si sobreviniendo otro más fuerte que Él, le venciere, le toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos.
11:23El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
11:24Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Me volveré á mi casa de donde salí.
11:25Y viniendo, la halla barrida y adornada.
11:26Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que Él; y entrados, habitan allí: y lo postrero del tal hombre es peor que lo primero.
11:27Y aconteció que diciendo estas cosas, una mujer de la compañía, levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste.
11:28Y Él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.
11:29Y juntándose las gentes á Él, comenzó á decir: Esta generación mala es: señal busca, mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás.
11:30Porque como Jonás fué señal á los Ninivitas, así también será el Hijo del hombre á esta generación.
11:31La reina del Austro se levantará en juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra á oir la sabiduría de Salomón; y he aquí más que Salomón en este lugar.
11:32Los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generación, y la condenarán; porque á la predicación de Jonás se arrepintieron; y he aquí más que Jonás en este lugar.
11:33Nadie pone en oculto la antorcha encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz.
11:34La antorcha del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, también todo tu cuerpo será resplandeciente; mas si fuere malo, también tu cuerpo será tenebroso.
11:35Mira pues, si la lumbre que en ti hay, es tinieblas.
11:36Así que, siendo todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una antorcha de resplandor te alumbra.
11:37Y luego que hubo hablado, rogóle un Fariseo que comiese con Él: y entrado Jesús, se sentó á la mesa.
11:38Y el Fariseo, como lo vió, maravillóse de que no se lavó antes de comer.
11:39Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariseos lo de fuera del vaso y del plato limpiáis; mas lo interior de vosotros está lleno de rapiña y de maldad.
11:40Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de dentro?
11:41Empero de lo que os resta, dad limosna; y he aquí todo os será limpio.
11:42Mas ¡ay de vosotros, Fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza; mas el juicio y la caridad de Dios pasáis de largo. Pues estas cosas era necesario hacer, y no dejar las otras.
11:43¡Ay de vosotros, Fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.
11:44¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben.
11:45Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas á nosotros.
11:46Y Él dijo: ¡Ay de vosotros también, doctores de la ley! que cargáis á los hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros ni aun con un dedo tocáis las cargas.
11:47¡Ay de vosotros! que edificáis los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres.
11:48De cierto dais testimonio que consentís en los hechos de vuestros padres; porque á la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificáis sus sepulcros.
11:49Por tanto, la sabiduría de Dios también dijo: Enviaré á ellos profetas y apóstoles; y de ellos á unos matarán y á otros perseguirán;
11:50Para que de esta generación sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundación del mundo;
11:51Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo: así os digo, será demandada de esta generación.
11:52¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y á los que entraban impedisteis.
11:53Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariseos comenzaron á apretar le en gran manera, y á provocarle á que hablase de muchas cosas;
11:54Acechándole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle.
12:1EN esto, juntándose muchas gentes, tanto que unos á otros se hollaban, comenzó á decir á sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los Fariseos, que es hipocresía.
12:2Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido.
12:3Por tanto, las cosas que dijisteis en tinieblas, á la luz serán oídas; y lo que hablasteis al oído en las cámaras, será pregonado en los terrados.
12:4Mas os digo, amigos míos: No temáis de los que matan el cuerpo, y después no tienen más que hacer.
12:5Mas os enseñaré á quién temáis: temed á aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en la Gehenna: así os digo: á éste temed.
12:6¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas? pues ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.
12:7Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis pues: de más estima sois que muchos pajarillos.
12:8Y os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios;
12:9Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.
12:10Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.
12:11Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magistrados y potestades, no estéis solícitos cómo ó qué hayáis de responder, ó qué hayáis de decir;
12:12Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será necesario decir.
12:13Y díjole uno de la compañía: Maestro, di á mi hermano que parta conmigo la herencia.
12:14Mas Él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez ó partidor sobre vosotros?
12:15Y díjoles: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
12:16Y refirióles una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había llevado mucho;
12:17Y Él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿qué haré, porque no tengo donde juntar mis frutos?
12:18Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes;
12:19Y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, huélgate.
12:20Y díjole Dios: Necio, esta noche vuelven á pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será?
12:21Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.
12:22Y dijo á sus discípulos: Por tanto os digo: No estéis afanosos de vuestra vida, qué comeréis; ni del cuerpo, qué vestiréis.
12:23La vida más es que la comida, y el cuerpo que el vestido.
12:24Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros que las aves?
12:25¿Y quién de vosotros podrá con afán añadir á su estatura un codo?
12:26Pues si no podéis aun lo que es menos, ¿para qué estaréis afanosos de lo demás?
12:27Considerad los lirios, cómo crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.
12:28Y si así viste Dios á la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno; ¿cuánto más á vosotros, hombres de poca fe?
12:29Vosotros, pues, no procuréis qué hayáis de comer, ó qué hayáis de beber: ni estéis en ansiosa perplejidad.
12:30Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; que vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas.
12:31Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
12:32No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino.
12:33Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe.
12:34Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.
12:35Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras antorchas encendidas;
12:36Y vosotros semejantes á hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere, y llamare, luego le abran.
12:37Bienaventurados aquellos siervos, á los cuales cuando el Señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa, y pasando les servirá.
12:38Y aunque venga á la segunda vigilia, y aunque venga á la tercera vigilia, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos.
12:39Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia á qué hora había de venir el ladrón, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa.
12:40Vosotros pues también, estad apercibidos; porque á la hora que no pensáis, el Hijo del hombre vendrá.
12:41Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola á nosotros, ó también á todos?
12:42Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para que á tiempo les dé su ración?
12:43Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el señor viniere, hallare haciendo así.
12:44En verdad os digo, que Él le pondrá sobre todos sus bienes.
12:45Mas si el tal siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir: y comenzare á herir á los siervos y á las criadas, y á comer y á beber y á embriagarse;
12:46Vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera, y á la hora que no sabe, y le apartará, y pondrá su parte con los infieles.
12:47Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió, ni hizo conforme á su voluntad, será azotado mucho.
12:48Mas el que no entendió, é hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco: porque á cualquiera que fué dado mucho, mucho será vuelto á demandar de Él; y al que encomendaron mucho, más le será pedido.
12:49Fuego vine á meter en la tierra: ¿y qué quiero, si ya está encendido?
12:50Empero de bautismo me es necesario ser bautizado: y ¡cómo me angustio hasta que sea cumplido!
12:51¿Pensáis que he venido á la tierra á dar paz? No, os digo; mas disensión.
12:52Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos; tres contra dos, y dos contra tres.
12:53El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.
12:54Y decía también á las gentes: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y es así.
12:55Y cuando sopla el austro, decís: Habrá calor; y lo hay.
12:56¡Hipócritas! Sabéis examinar la faz del cielo y de la tierra; ¿y cómo no reconocéis este tiempo?
12:57¿Y por qué aun de vosotros mismos no juzgáis lo que es justo?
12:58Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino librarte de Él; porque no te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.
12:59Te digo que no saldrás de allá, hasta que hayas pagado hasta el último maravedí.
13:1Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios.
13:2Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos?
13:3No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente.
13:4O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem?
13:5No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo.
13:6Y dijo esta parábola: Tenía uno una higuera plantada en su viña, y vino á buscar fruto en ella, y no lo halló.
13:7Y dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra?
13:8El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que la excave, y estercole.
13:9Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después.
13:10Y enseñaba en una sinagoga en sábado.
13:11Y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad dieciocho años, y andaba agobiada, que en ninguna manera se podía enhestar.
13:12Y como Jesús la vió, llamóla, y díjole: Mujer, libre eres de tu enfermedad.
13:13Y puso las manos sobre ella; y luego se enderezó, y glorificaba á Dios.
13:14Y respondiendo el príncipe de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese curado en sábado, dijo á la compañía: Seis días hay en que es necesario obrar: en estos, pues, venid y sed curados, y no en días de sábado.
13:15Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en sábado su buey ó su asno del pesebre, y lo lleva á beber?
13:16Y á esta hija de Abraham, que he aquí Satanás la había ligado dieciocho años, ¿no convino desatar la de esta ligadura en día de sábado?
13:17Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas gloriosas que eran por Él hechas.
13:18Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y á qué le compararé?
13:19Semejante es al grano de la mostaza, que tomándolo un hombre lo metió en su huerto; y creció, y fué hecho árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas.
13:20Y otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios?
13:21Semejante es á la levadura, que tomó una mujer, y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado.
13:22Y pasaba por todas las ciudades y aldeas, enseñando, y caminando á Jerusalem.
13:23Y díjole uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y Él les dijo:
13:24Porfiad á entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.
13:25Después que el padre de familia se levantare, y cerrare la puerta, y comenzareis á estar fuera, y llamar á la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo os dirá: No os conozco de dónde seáis.
13:26Entonces comenzaréis á decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste;
13:27Y os dirá: Dígoos que no os conozco de dónde seáis; apartaos de mí todos los obreros de iniquidad.
13:28Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis á Abraham, y á Isaac, y á Jacob, y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excluídos.
13:29Y vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte y del Mediodía, y se sentarán á la mesa en el reino de Dios.
13:30Y he aquí, son postreros los que eran los primeros; y son primeros los que eran los postreros
13:31Aquel mismo día llegaron unos de los Fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar.
13:32Y les dijo: Id, y decid á aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y al tercer día soy consumado.
13:33Empero es menester que hoy, y mañana, y pasado mañana camine; porque no es posible que profeta muera fuera de Jerusalem.
13:34¡Jerusalem, Jerusalem! que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á ti: ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste!
13:35He aquí, os es dejada vuestra casa desierta: y os digo que no me veréis hasta que venga tiempo cuando digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.