• corriendo de la cárcel, y le cortaron el pelo, y mudaron sus vestidos, y vino Gén. 41:14
  • y púrpura, y carmesí, y lino fino, y pelo de cabras, Éxod. 25:4
  • Harás asimismo cortinas de pelo de cabras para una cubierta sobre Éxod. 26:7
  • y púrpura, y carmesí, y lino fino, y pelo de cabras; Éxod. 35:6
  • ó púrpura, ó carmesí, ó lino fino, ó pelo de cabras, ó cueros rojos de Éxod. 35:23
  • Hizo asimismo cortinas de pelo de cabras para la tienda sobre el Éxod. 36:14
  • la llaga en la piel de la carne: si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco Lev. 13:3
  • pareciere más hundida que la tez, ni su pelo se hubiere vuelto blanco Lev. 13:4
  • piel, el cual haya mudado el color del pelo, y se descubre asimismo la carne Lev. 13:10
  • estar más baja que su piel, y su pelo se hubiere vuelto blanco, darálo Lev. 13:20
  • la considerare, y no pareciere en ella pelo blanco, ni estuviere más baja que Lev. 13:21
  • El sacerdote la mirará; y si el pelo se hubiere vuelto blanco en la Lev. 13:25
  • la mirare, y no pareciere en la mancha pelo blanco, ni estuviere más baja que Lev. 13:26
  • estar más profunda que la tez, y el pelo en ella fuera rubio y adelgazado Lev. 13:30
  • profunda que la tez, ni fuere en ella pelo negro, el sacerdote encerrará al Lev. 13:31
  • haberse extendido, ni hubiere en ella pelo rubio, ni pareciere la tiña más Lev. 13:32
  • en la piel, no busque el sacerdote el pelo rubio, es inmundo. Lev. 13:36
  • detenida, y que ha salido en ella el pelo negro, la tiña está sanada; él Lev. 13:37
  • cejas de sus ojos; finalmente, raerá todo su pelo, y lavará sus vestidos, y Lev. 14:9
  • delante de mí, Que hizo se erizara el pelo de mi carne. Job 4:15
  • de las piernas, los partidores del pelo, los pomitos de olor, y los Is. 3:20
  • grandemente; los pechos te crecieron, y tu pelo brotó; mas tú estabas desnuda Ez. 16:7
  • con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como de águila, y sus Dan. 4:33
  • vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia Dan. 7:9
  • Mas un pelo de vuestra cabeza no perecerá. Lc. 21:18